lunes, 29 de mayo de 2017

MARÍA MASCHERONI ( BUENOS AIRES,1958)



no había visto antes
ningún pájaro de vuelo terminado para entenderlo
¿como lo supe?
quieto más quieto echado de espadas como ningún animal
así nomas  para nada  un pájaro no se queda inmóvil
ni apoya su espalda en la tierra

          ¿tienen espalda los pájaros?

las cucarachas sólo están de espaldas cuando les quedan pocos recursos para vivir

antes  muchos antes  tuve delante de mí esta visión:
le arrojábamos piedras desde lejos
en esas circunstancias cualquier movimiento
un rumor  darían cuenta  advertirían
que la muerte continúa su trabajo
interminable sol poniente en una fotografía

       ¿qué quiere saber de la muerte del pájaro?

así mi padre se posaba cada día en el mundo
encogido de espaladas de costado
no está muerto   decíamos para los adentro cada vez
cuando en la piel el escozor se anunciaba

¿que cómo lo se?
así lo sabíamos
lo sé porque cada tarde capturada la respiración por su imagen quieta
temiendo que lo peor sucediera a su alma cada tarde
cruzábamos la distancia que nos separa de su boca
y nuevamente - aliento impropio - su flaco aliento

a mi paso un pequeño pájaro echado
de espaldas en el suelo con las patas encogidas
                                               abre una grieta entre pecho y cielo
no dudé cuando lo vi    sé que estaba muerto

¿cómo lo supe?

la postura del pájaro la postura de mi padre
hermanadas caminan ante mis ojos que extraviados
en los asunto de la muerte comienzan a despuntar la vieja tonadilla:
sólo los hombres permanecen inmóviles innumerables noches con sus días y quieren vivir.

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padre mío
has quedado en tumba ajena alada y animal
así estremecidos ceremonias y usos
con la generosidad de otra especie la calma parece acercarse

empecinado fuiste y tus hijos

el cuerpo de un pájaro concentra todos sus cantos
y las patas quebradas
a esta tumba - no es altar-vuelvo a llevar mis flores tardías

conozco el lugar  con mis manos fue cavado
con las manos de todos nosotros fue cavado
es que cavamos
para tener donde hincarnos  persignar
para bajar la cabeza y quedarnos sin padre

en este suelo - por dos siglos heridos -cada tumba se levanta
borde piadoso y bullente de la tierra alzada




de El cansancio de los hijos - hilos editora - Buenos Aires - 2011


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