lunes, 31 de octubre de 2016

GUILLERMO CODA (CASILDA,PROVINCIA DE SANTA FE,1977)




Mares perdidos

¿Qué de esta lluvia naufraga en el agua
             como el viento en el aire?

¿Qué, dime, precioso  movimiento,poema
             inmenso inmerso
en mi cavilada soledad que piensa
de espaldas a tus anchas tanto tiempo?

¿Qué,acaso,de lo sido se va
como un alba furtiva o barco de papel
            bregando bogando
los turbios albañales del recuerdo?

¿Quién,di,escoge,quien recoge
                       del fluir
            refluir
de un mar adentro yendo siempre
tirando de abajo,fondeando
los abúlicos abismos de mis ojos,
aquello,tan frágil,que vuelve?

Yo sé,sin embargo,de la magna
aptitud de lo nimio hacia la muerte
y de las tribulaciones que emergen
            las trepidaciones
de todo lo vivido en un relámpago
           perdido?



Sin posibles


Este ruego en su vaina anda vacío,viaja
a lo oscuro atribulado sabiendo de antemano
su trágico destino de número impugnado;este
sobre tan silente dócilmente silenciado,tan
            desengañado des-
            /esperado tiene sed
pero nunca atina un lago,tiene hambre,tiene
la luz de los ojos de un muerto,la
curvatura de unos hombros derrumbados.

Este ruego sin cuantitativo no pregona,sangra,no
dimite del terror brutal que nos tocara,anda loco
            como una ventolera
            puntana y olvidada,
que la han dicho ya bastante de los unos
           contra otros,de los
           otros contra todos,de
la culpa inescrutada,del default y de la deuda,de
            la vida y de la nada.

Este ruego sin posibles no entorpece la mirada,se
peina el crepúsculo al espejo,abre la mañana,sorbe
                    su taza de café,su mar
                    de infancia y cada día
lo levantan de la tumba para no decirle nada.



Despertado al crepúsculo


Déjame,invierno,la escasez de esta luz
última en la diáspora de la tarde,esta
luz dormida en la depresión libertaria
de un sueño que amaría la noche.

Déjame,apenas,la triste aspersión
           de los grises los
           afables matices
que dominan las terrazas lejanas.

Yo te amé con mares de ojos risueños
cernidos por las heladuras del cielo.Yo
te amé invierno,cuando niño para bien
            crearme o para mal
            mirarme mal molerme
en los pliegues cáusticos del tiempo.

Ahora las horas flagrantes infinitas
tras la puerta se agolpan y conjuran
la alegría del vivir,del vibrar
en aroma de vírgenes crepúsculos.

Ahora,qué de la voluntad, se rinde?Qué
se infama ferozmente en la ventana,qué
circunda la locura,lo demoníaco más allá
             de mi cuerpo y más
             acá de mi muerte?

Consúmate,invierno,concédeme
la violácea certeza liminar,la álgida
             tersura la apertura
de una prófuga pupila que atesore
el ofuscamiento infantil,mi muerte
en los piélagos profundos del olvido.



de Germinal,Alción Editora,Córdoba,2008



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