sábado, 14 de septiembre de 2013

EMILIO SOSA LÓPEZ (CÓRDOBA, 1921 - 1992)



ESE PRIMER GOLPE DE CÍMBALO DEL OTOÑO


Llegará el otoño y uno volverá a pensar en una playa desierta
donde apenas se oye el mar.
                                                La arena es siempre una abstracción
y allí no rumorean las olas,salvo en la imaginación;
las nieblas huyen hacia el horizonte
y el espacio se vuelve mental con sólo tocarnos la frente.
Desconcierta nuestra habitación que vaga por diversos países.
Afuera las hojas amarillean y caen, y nadie sabe ya
qué fecha es. Los ámbitos están llenos de ladridos

y hay muchos perros ateridos que ambulan desde siglos.
Uno piensa que un viento helado los barrerá para siempre.Sabrán
de ese modo cuan lentamente se ingresa a un tiempo fantasmal.
Las calles lindan al final, entre molduras calizas,
con un desfiladero misterioso.es el momento en que pensamos en una 
           playa
de la que está ausente el mar.
                                                 La soledad agobia al sentirnos
lejos de alguien.Y es comprensible que nadie entienda el mundo en que
vive.
Entonces me digo que todo se acerca a un irremediable

fin.De esto los perros son  verdaderos filósofos.Lo anuncia
el otoño que retorna con su viejo álbum de láminas gastadas.
¿Quién lo dejó olvidado en un estante al mudarse?
Quizá tu rostro se haya borrado como una tormenta lejana.
¿O alguien aún aguarda por ti en una postal?
¿Volveremos a reír sentados los dos en una taberna
de Burlington, y hojas sin claridad que comenzaban a dorarse?
La verdad era que no queríamos ver lo que había detrás.
Tan familiar resultaba la luz como los automóviles que pasaban
por el camino; la brisa chirriaba bajo los neumáticos
como una música apagada.Pero la memoria ha ido endureciendo
los árboles como piedras. Mejor dicho, lo ha transparentado todo.
Sólo queda al fondo una playa imaginaria
                                     con nieblas de plomo
o planchas de cinc que se quiebran entre rayos. Un viento terrible
parece adentrase en la espesura del cielo
sin que nos alcance su estruendo.
Con esas ráfagas que hieren,en medio de un follaje

de hierro,el día cobra un sorprendente poder sobre el mundo.
Y no hay refugio adonde llevar tu muerte.
                                     Ninguna escritura
podrá contener lo que por sí se destruye.Los rastros que quedan
son de otra realidad que apenas puedes entrever.
La arena misma no soporta trazos,es materia de sueños.
por ello la carta que ahora quisiera escribirte tiene la desolación
de los médanos.Y el día es tan azul como blanco
y gris el mar contra lo negro que nos desdibuja.
Así es como se borra tu recuerdo dentro de mí, pues escribir es como
caminar
en una playa floja, remontado el rumor de olas y voces entremezcladas
y vientos que aullan más allá de toda distancia.
Por eso es el silencio - que nunca se lo puede oír del todo.
Y ahora que hablo de sueños pienso en calles que no se sienten al andar,
paredes o umbrales inconsistentes como el humo,
o sillas que no parecen tener ningún peso. No obstante
el mismo sol brilla en las ventanas. De repente tu rostro
se vuelve hacia lo oscuro para no mirar.

Es que nuestro mundo es muy extraño en su oculto terror.



UNA PLAYA SEMBRADA DE MADEROS



Quien entrevé un vacío en las cosas debe trazarse un camino.

Lo que quiero decir es que la oscuridad es blanca.

Lo curioso es que haya un color que no tiene nombre.

Es como la suma de pequeños fragmentos aparentemente dispersos.

Una playa sembrada de maderos.

Y no podemos ya pensar.

Lo que vemos es un espectáculo que no sucede en ninguna parte y sin embargo sustituye al mundo.




de Poesía Reunida, Ediciones Letras y Bibliotecas de Córdoba - Córdoba - 2010


No hay comentarios:

Publicar un comentario