sábado, 15 de mayo de 2010

ABEL ROBINO (PERGAMINO,1952)





En la carnicería




En la carnicería,colgada
desde un indeleble rojo desollado,
aquella cabeza de ternera que parecía sonreir

(y ese atinar a cruzar los dedos para darnos chance

bajo aquel impacto de carne expectante,
cabeza que envidiábamos
-no más vacía,no más porosa que la nuestra-

por haber encontrado esa gracia mesurada
al enfrentar la hora del gancho),
tiesa en la memoria,
mira un mar de imitadores:
bien o mal todos compañeros.





Gota a gota




Y ahora soy la gota de agua,
por siglos caigo sobre el mármol,
lo que digo ya ha sido por otros dicho,
lo repetido tantas veces repetido.


Atravesar el bloque un día es mi destino
y no ser la huella,la incisión,la marca,
palabras frecuentes entre todos,
sino lo que ha escapado de la piedra:
infinito desperdigado,imposible.


de ANTOLOGÍA -La poesía del siglo XX en Argentina - Edición de  Marta Ferrari - La estafeta del Viento - Colección Visor de Poesía - Madrid - 2010

domingo, 2 de mayo de 2010

CEFERINO LISBOA (CÓRDOBA,1971)




Sabor

Lo único cierto
es el testimonio de las cosas.
Las casualidades
desamparos
son islas
prioridades fuera de uno
y calmar esta sed
por lo que no sucede
no es cosa pequeña
ni empresa temeraria.



Aromas


Para quien traduce gestos aislados
en maniobras dudosas
es decir 
para quien escucha
la casa está en orden
sólo le es posible
la confusión ajena.


La noche que nos toca


La noche,ahora mismo,cruza el país
alienta las uniones
políticas amorosas
y deja testimonio
hijos,huérfanos electorales
pequeñas intrigas
discusiones innecesarias
retazos de la historia
quintitas.
Verdades
que valen su peso
lo mismo 
que promesas 
hechas en el franeleo.

de la vida que se conoce,ediciones pan comido,Córdoba,2009.


sábado, 24 de abril de 2010

MARIO ROMERO (TUCUMÁN,1943 -1998)



BARRO COCIDO


Una víbora 
se arrastra entre las ramas
y el barro cocido
del techo que los pájaros llevan poco a poco
y que el chico remueve con un palo
encima de la mujer que duerme
como si fuese siempre
y cuya respiración indica
que el fuego de la siesta le ha prendido por dentro.

Nada está bien:tampoco la naturaleza.
En ocasiones la mujer corta un zapallo del techo
donde ha crecido una planta.
El chico muerde también ese zapallo hervido,
pero no dice nada de la víbora.
El secreto es su alimento.



ROPA DESNUDA



Ninguno sabe cuál es ahora el vaso que no tiene nada.
cada uno es un extraño,una invención entre jadeos
de dos que tienen siempre un vaso lleno y otro vacío.



PALA DEL SUEÑO


Entré a un bosquecito  de quebracho y olvido:dios estaba muerto.
Arrastré el frágil cuerpo y lo enterré en los arenales.
No tracé ingún círculo porque tuve miedo.
Y lo único que recuerdo es que los chicos tiraban piedras
al fondo del pozo para escuchar el sonido del agua.
Mientras tanto,ya llegó el verano.
¿Cómo iba yo a saber que se trataba de un cuerpo infinito?


de Pintura Ciega,Libros de Estaciones,Madrid,1982


lunes, 5 de abril de 2010

YANINA MAGRINI (RÍO CUARTO,1972)


 

cuando hablamos de golpe




Dejame ver donde tenés el gemido,
los aplausos,



                         la súplica del perdón.




(Es temprano todavía y hasta las diez de la noche puedo
cambiar el error de ser todo lo roto;
si el olvido moviera mi cama,
si trajera un relámpago
                                        somníferos)






A ver mostrame donde guardás toda la estupidez del golpe;



                                                                                              o la víctima.


de avuso,Alción Editora,Córdoba,2005.






miércoles, 24 de marzo de 2010

SILVIO MATTONI (Córdoba,1969)


Ovidio


Veías las pesadas telas rojas,cayendo
hasta el piso,donde restos de comida,cáscaras
destrozadas,huesos,rasguñaban las plantas
desnudas de mis pies.En los reclinatorios
dorados,manchados de grasa,no había,por supuesto,
nadie.Un rectángulo de luz naranja,la ventana
detrás del bermellón de las telas,que lograran 
retrasar la mañana,estirar la fiesta,incluso
hasta después que los cuerpos hubieran desistido.
Sentado en esa sala,vacía pero llena
de huellas,aun sin frío,removí las brasa,
encendí el fuego en el rescoldo,tenía puestas
unas ropas de piel como los bárbaros.Cuando
un esclavo silencioso,que venía a limpiar,gritó:
¡un ladrón! Y mi espanto,al sentir los murmullos
de la casa y una condena segura,me despertó.Estaba,
sí con pieles,en el invierno helado de mi exilio,
ya van tres años,en el Ponto.Aquí no tengo
a quien contarle que esa fiesta pude vivirla
pero perdí,junto con Roma,la memoria,llevada
por el duro Danubio,que sin embargo congeló una parte
en mi sueño.Yo mismo hablo conmigo y repaso
las palabras inusuales. Si no conocen ni el más bajo
latín,entonces qué dirán mis versos,si bien toscos
no dejados del todo por mi ingenio.¿Qué más podría hacer,
solo en estas playas desiertas,o qué otra ayuda 
intentaré buscar a mis males?Quiera el César
mitigar el castigo de mi error,enviarme a algún exilio
menos penoso que éste.Que estos versos me ayuden.




Catulo


Muerto el gorrión de Lesbia,trabaja el poeta
sin terminar,teme las hábiles palabras,busca
exactitud,belleza y claridad en la sombra
de la cámara donde ella se acerca y lo llama.
No vayas todavía,veronés,ya salen esos versos :
"Está muerto el gorrión de mi nena
que ella más que a sus ojos amaba".
Lesbia se acuesta, ansiosa, se distrae
acariciando el cuerpo del eunuco,escanciador de vino,
burlándose sin risa,de las frases que el amo se repite.




Más allá del Rin 


Oscuro es el país lejos de Roma
sin amigos,sin habla,apenas
recuerdo como gastar estos papeles escasos.
Pero silban los árboles en el idioma
de los bárbaros,y el cielo,
aún en el desorden de sus fiestas, acude
concediendo canciones y sonrisas torcidas.
Ahora,nadie puede leerme,sin embargo
a unos ojos brillantes me dirijo,recuerdo
innumerables rostros familiares,dispersos
sin llegar a formarse en el deseado.
En cambio,a veces,en las noches,
negras figuras dioses aparecen sonriendo,
casi nunca comprendo y puedo entonces alcanzar el sueño,
pero a menudo una palabra
sale de la hendidura luminosa de sus labios,
y lloro no sabiendo su sentido,
acaso sea el exilio,la muerte o la ignorancia.


de El bizantino,Alción Editora,Córdoba,1994









jueves, 11 de marzo de 2010

RICARDO E.MOLINARI (Buenos AIRES,1898 - 1996)



Soneto a un clavel hallado en un libro antiguo

                                                         
Dejará la memoria en donde ardía. Quevedo
                                                                                                                           


A tí,sombra hoy de un día,clavel rosa,
niebla eres sin perfume,niebla amada,
que distinta y desierta,enamorada,
vuelves igual,sin otro tiempo,hermosa.

Callada fue la mano,alta y dichosa,
que te sostuvo clara y respirada,
sombra eres y quizás sobrellevada
al viento,al mar o a nube presurosa.

Quién sabrá de ti,triste sueño mío;
quién,solitario,hambriento o peregrino,
te tomará sin verte,sin mí,en nada.

Sombra será de flor,de tanto río.
de tanto amor contigo y sin destino.
¡Noche andarás sin fin,o en madrugada!

de 100 sonetos argentinos-Antología Comentada.Editorial Apis.Rosario.1972 

domingo, 7 de marzo de 2010

ANTONIO MORO (CÓRDOBA,1955)




EN EL HOSPICIO



Malgastando,
                     la eterna reunión que circula los labios
el aliento ancestral despedido,marchito en los dientes
secos,
tu persona un lobo en el blanco hospicio
que cierra sus ojos cuando el gorrión se posa en la fuente.




EL AZAROSO CAMINO



El azaroso camino de la tarde echa
la espina a tu paso.

Será como aquello de andar por lo incierto
con los pies desprovistos de armadura,
entregado al secreto ritmo,inherente al movimiento.
Similar a hallar una serpiente durmiendo al sol
sobre una roca y observando el emblema de su piel,
su cabeza,el cuerpo entero,
                                           continuar el camino,
reconciliándose con La Nada,una nada
que apelará necesariamente a la prueba
de que toda existencia depende de otra.




LA LOCURA ES UN VELO



En el fondo de la calle de los paraísos:
un muro como los ojos que blanquea el loco.



de,El correo llega al laberinto,Ediciones Argos,Córdoba,1993