jueves, 11 de marzo de 2010

RICARDO E.MOLINARI (Buenos AIRES,1898 - 1996)



Soneto a un clavel hallado en un libro antiguo

                                                         
Dejará la memoria en donde ardía. Quevedo
                                                                                                                           


A tí,sombra hoy de un día,clavel rosa,
niebla eres sin perfume,niebla amada,
que distinta y desierta,enamorada,
vuelves igual,sin otro tiempo,hermosa.

Callada fue la mano,alta y dichosa,
que te sostuvo clara y respirada,
sombra eres y quizás sobrellevada
al viento,al mar o a nube presurosa.

Quién sabrá de ti,triste sueño mío;
quién,solitario,hambriento o peregrino,
te tomará sin verte,sin mí,en nada.

Sombra será de flor,de tanto río.
de tanto amor contigo y sin destino.
¡Noche andarás sin fin,o en madrugada!

de 100 sonetos argentinos-Antología Comentada.Editorial Apis.Rosario.1972 

domingo, 7 de marzo de 2010

ANTONIO MORO (CÓRDOBA,1955)




EN EL HOSPICIO



Malgastando,
                     la eterna reunión que circula los labios
el aliento ancestral despedido,marchito en los dientes
secos,
tu persona un lobo en el blanco hospicio
que cierra sus ojos cuando el gorrión se posa en la fuente.




EL AZAROSO CAMINO



El azaroso camino de la tarde echa
la espina a tu paso.

Será como aquello de andar por lo incierto
con los pies desprovistos de armadura,
entregado al secreto ritmo,inherente al movimiento.
Similar a hallar una serpiente durmiendo al sol
sobre una roca y observando el emblema de su piel,
su cabeza,el cuerpo entero,
                                           continuar el camino,
reconciliándose con La Nada,una nada
que apelará necesariamente a la prueba
de que toda existencia depende de otra.




LA LOCURA ES UN VELO



En el fondo de la calle de los paraísos:
un muro como los ojos que blanquea el loco.



de,El correo llega al laberinto,Ediciones Argos,Córdoba,1993

sábado, 20 de febrero de 2010

HUGO FRANCISCO RIVELLA ( SALTA, 1949 )

CABALLOS EN LA LLUVIA


a Jorge Leónidas Escudero



La Poesía es una casa  abandonada
                                        en donde se han refugiado
los caballos y la lluvia,
un niño con una pelota de trapo y una mujer embarazada.
Por ella corren ciudades con trenes que respiran una muerte
                                                                                              secreta
y también
la camisa mugrienta de un hombre sin destino.
Puedo sentir en las paredes de la casa
la música de Bach y la del Cuchi
                     y vestirse de blanco la piedra en el espejo.
El fuego se quiebra.
Los tigres escapando de un durazno.

A tropezones llega la memoria.
se entrega como una mujer hasta ser un gemido.
(Las manos del amante sobre el muslo apenas si resisten
                                                       transparencias).
De pronto,
los caballos salen al patio
                              y la lluvia
                                        se desteje en lejanías.



CABALLO ALUCINADO

a Carlos Maita



Se ha vestido de negro como el último adiós
                                                                     dado a los muertos.
Trotó desde el camino de las lechuzas
hasta la aguada que lo enaceita con alas de topacio.

El caballo es un punto de miel en el olvido.

Se aparea con las nubes,
le da vuelta al corazón de las azucenas
y como si no supiera que se desbandan en la lluvia
traza círculos de fiebre 
cuando cuatreros siderales lo persiguen cielo adentro.
El caballo se ha metido en el verano y tuerce
                                                              su destino con relinchos,
se esconde en el perfil de lo olvidado
y regresa 
a los árboles
                              que en el amanecer se queman sin saberlo.




LLUVIA Y ABISMO




La lluvia es un abismo que cabe en los caballos.
Por la cola,
            los tábanos,
              que hacen irrespirable el verano,
vuelan hiriendo la siesta que se ha llenado de náufragos,
de marinos,
de mujeres desnudas que hechizan los pasos en el río.

Alrededor del agua los caballos hicieron una ronda
y en ella se arojaron enloquecidos,
la lluvia que salpica como gotas que piensan
duda entre ser estrella
                                   o cajita de música
y el abismo
                   que duele como una cuchillada
se resbala
hasta ser un charco en donde se reconocen los caballos.


de,Caballos en la lluvia,La Carretera y otros poemas.Alción Editora.Córdoba.2003.

lunes, 8 de febrero de 2010

RAFAEL FELIPE OTERIÑO (LA PLATA,1945 )




ESTA LEY


Cuando no se puede ir más bajo se comienza a subir :
pregúntaselo al madero después del naufragio,
pregúntaselo al nadador en la corriente,
pregúntaselo al ahogado;
pregúntaselo a la ballena en la mirada de Starbuck,
pregúntaselo a Dante en las tinieblas,
pregúntaselo a Virgilio;
pregúntaselo a la moneda en el lecho del río:parece mirar,
pregúntaselo al arquero que frente al blanco cierra los
              ojos
al guardafaros,al guardavías,al centinela de la torre,
a los que atraviesan la noche negra con el rostro despavorido;
pregúntaselo a los que sueñan y no pueden despertar,
a los que empujan en el desierto una piedra enorme,
al suicida,al miedoso,al temerario,
a los que llegan a la tierra de nadie
y encuentran que en verdad no hay nadie;
                                                            pregúntales,
porque  hubo un día en que ellos tocaron fondo;
ellos plantaron un árbol y lo vieron desmoronarse,
ellos buscaron el sol y lo hallaron caído,
ellos cerraron los ojos y volvieron sobre sus pasos,
ellos se lastimaron un hombro,
ellos vieron leviatanes ensuciando su saco y su almohada,
ellos fueron más lejos:
vieron la rosa desprenderse del tallo;
                                                   pregúntales,
porque conocieron primero esta ley de la gravedad a la
                levedad
y ahora son libres.


UNA PALABRA



Para decir:piedra,
pez,viento,paloma,
tuve que vivir.
Para nombrar a un barco,
para decir:estela,
horizonte de mar,bahía,
tuve que vivir.
Para virar,
para guiarme por las estrellas,
para seguir un rumbo fijo,
tuve que vivir.
Para señalar el Norte,
para enviar un mensaje
-hermosos días,hermosas noches-
para esperar respuesta
para saber esperarla,
tuve que vivir.
Para decir caballo:mi caballo.

Todo debió pasar
por mis pies,por mis manos,
tocarme,golpearme,
penetrar mi piel
como el lento acoso de una fiera.

Para afirmar:"-este es el aire
y el fuego",
"-esto lo líquido y lo sólido",
y que aire,fuego,
líquido,
sólido,
desnudaran su corazón de medusa,
su confundido aroma,
tuve que vivir.
Más allá de todas las tentaciones,
por encima de todas
las preguntas
tuve que vivir.

Para decir una palabra,
para decir una sola
palabra,
la primera palabra 
y la última,
para que naciera esa palabra,
tuve que vivir.


LA CUOTA DE NADA


No se debería abandonar una ciudad:
se llena de fantasmas.
Los que estaban y no se dejaban ver.
Los que llegaron luego.
Los que se aprestan para vivir.

Las calles se cubren de un musgo espeso
que tú,que allí has vivido,
no deberías ver.
La mano traza figuras cada vez más débiles
en los muros.

Es como ver lágrimas.
Algo que acaba por caer,
pero penetra muy hondo y allí se queda.
A esa partida,algunos le llaman suerte,
otros,destino.

No deberías decir:yo no soy ése.
No deberías decirlo.
Volver,si puedes,cuando amenacen quitarte
la parte que llevas dentro.
La cuota de nada que te pertenece.

de,Lengua madre, poemas (1990-1995),Nuevo hacer,Grupo Editor Latinoamericano,Buenos Aires,1995

viernes, 29 de enero de 2010

GRISELDA GARCÍA (BUENOS AIRES,1979)




PA



usabas camisas color café
jeans gastados
mocasines negros.

me llevabas en el falcon verde del '65,
viejito,con la chapa picada,
ese que dejaba ver el asfalto
pasando rápido bajo mis pies.

a veces lo que te crecía adentro
hacía que te pusieras nervioso
y me pegabas cachetazos
yo te odiaba.

pero ahora te quiero,papá
ahora que no estás.

y ovidé
olvidé
olvidé

para hacer de cuenta que podía seguir adelante,
tener la vida normal de una niña de diez años.

entonces ocurre que volvés una tarde
y me esperás al salir del trabajo
fumando un cigarrillo largo,apoyado contra un pared
con tu camisa color café,marcando en el diario
resultados de viejas loterías
y películas de polanski estrenadas hace años.

me besás,te ofrecés a llevar mi bolso,pesado
y nos vamos tomados del brazo,
caminando despacito sin que nadie pueda decir
que vos estás muerto
y que soy la misma que escribe cada día
un poema a cuchilladas
sobre el vestido de la muerte.



de El arte de caer,alicia gallegos editora,Buenos Aires,2001

sábado, 9 de enero de 2010

OSVALDO PICARDO (MAR DEL PLATA,1955)

EL ARTE DE LA PESCA



a Ettore, il mio amico




En la escollera, las cañas anuncian


algo siempre inminente. La espera


del pescador sucede al primer pez.


Parece mentira, pero


lo que ya sucedió es lo que se espera,


aunque no vuelva a suceder.






La metáfora nos tienta y te preguntás


si no será una exageración que cada acto


de nuestras vidas signifique algo más


que lo que pasa. Las cosas están ahí


y el dedo que las muestra no es “las cosas”. 






Tironea debajo y se resiste una corvina


de esas que pesan más en las manos


del pescador que en la balanza.


Se sabe que es corvina antes de que salga,


hasta antes de que elijamos la carnada.






Luego, puede repetirse el truco,


el anzuelo, la tanza, la plomada.






Pero el pez no vuelve a picar


y tal vez no vuelva a hacerlo.






Con esa incertidumbre, se prende el farol


y miramos cómo oscurece.














EL IGNORANTE






Nunca sabremos realmente por qué


hemos vivido. No alcanzan las palabras.






Sobre el mismo mar se levanta el sol.


Ante el mismo mar


un mediodía, alguien se para en la costa


y mira. Sólo eso y nada dice. ¿Qué espera ver?






Mirar no es ver sólo esto que se muestra,


ni siquiera lo que existe. Las olas hablan


de regresos largamente olvidados,


a veces sin que nadie haya partido.






Una gaviota y un poste de luz parecen


ser el centro del universo. A su alrededor


la circunferencia de tu ignorancia


es como ese pescador y su caña,


una eternidad demasiado larga.






Hubo muchas veces en que creíste


haber nacido para algo. Fue esa fe


la que te empujó a decisiones definitivas.


Pero el resto lo decidió






un puro instinto de felicidad


acontecido para ser superado.










ERROR DE CÁLCULO






Este jardín quedó abandonado,


incompleto e incomprensible


como una mentira que se olvida.






Jugabas ahí con la codiciosa hormiga,


con sus veredas cavadas llevando


a la espalda el peso de un elefante.






Lo que en su lugar dejó nada


puede llenarlo, aunque pensés


que bien pudiera no haber existido.






El rosal, la camelia y el espectáculo


de los misteriosos tomates,


el pulgón y la paciencia de la araña.






No sentías la fiebre cercana,


el absceso que la vejez prometía.


Un granito de arena en la uretra,






una arruga, una carie, un silencio


en medio de una charla y por último,


un bisturí contra el cáncer.






La distancia en sí misma


entre lo que fue y es toda una vida


parece un error de cálculo:






el trazo recto de una voluntad


con su centro en todas partes


y su circunferencia en ninguna.






Tus esfuerzos fueron inútiles


y lo único cierto fue lo que no tuviste.


De este cúmulo de dudas, exaltaciones






y desánimos ante lo hecho, inmodificable,


un alivio te queda al menos: una línea


escrita con el corazón,






una intimidad cumplida.


de Pasiones de la línea, Ediciones en danza, Buenos Aires, 2008

domingo, 27 de diciembre de 2009

LILIANA LUKIN (BUENOS AIRES,1951)

carta II


mi querida: me dije algún poema tiene que haber
porque hay tanto ruido en el país
y en estos días las metáforas se cumplen


ya casi no hablamos más
que de nosotras: metonimias de un paisaje de guerra
o pequeños predios donde cultivar imágenes de sí


querida: se disuelve mi dogma a medida que amo
y aunque mi dogma sea de una especie razonable
padezco los efectos de esta fatal transformación:


no sé nada ya de aquello que era
pero no olvido tampoco como era aquello ser


una foto de otra época  me muestra como a una muchacha
a la que he conocido:mi nostalgia de ella es infinita
aunque me diga que todo está muy bien y
aunque sea cierto que todo está  (muy bien)  ahora


algún poema tiene que haber me dije: en lugar
de una certeza siempre hay un poema
y en lugar de un poema siempre estoy
escribiendo cartas   como un náufrago al revés:
no corro peligro más que de mí y el mundo
es una isla en  la que sólo puedo sumergirme


mi querida en estos días
en que la filosofía es un murmullo de la edad
sos el ruido de un país en predios secos
donde un poema sería agua de beber








carta III




mi querida: he querido un rincón de olvido
para reposar de hoy y de mirar


tengo el deseo cansado   me decís   y sonrío
porque nada cansa tanto como desear


(cansarse el deseo de sí mismo   de su pura acción
y no tener una descanso: he aquí el problema)


un rincón de olvido he querido: un aire
que me consuele los ojos y me vele : suspiros
para la máquina de estar despierto
un momento
que no vaya ni venga y donde todo sea
suave
como las transparencias de tu perdición
en un campo que concentra


¿detrás de una puerta te quedarías sola
y si cerraras una puerta te quedarías afuera?


de olvido he buscado un amparo
para la lentitud
pero no tener una descanso: he aquí la llave
de entrar y de salir y la llave de la luz
porque  ya se sabe   hermana   no hay
como dormir en brazos para perderse y estar
segura de un reposo que no existe




carta XIV




mi querida: sola como en un país extranjero:
una perdida soy en este momento de esperar    y nada
en este lugar donde todo es familiar lo que me ajena
es tener una sonrisa para el llegar de otro que no viene


una perdida soy y ahora dormiría plegada en mí
cual un ojo que se mira viendo el fondo de un ojo:
la combustión de todo por decirte   a presión en una
obstinada mente girando de uno a otro lado para ver


sabrás sin duda que escribiré una carta
esperarás de este vacío una escritura: cumplo sin más
persistir en la infelicidad de estar perdida   ser
(en un lugar al sol) el hueco de unas letras ruidosas
una voz como música atonal  a mis alrededores ciegos


hermana:  una perdida soy si tenía que encontrarte
y no te encuentro como quien no ha cumplido una prueba
en la carrera de obstáculos que lleva a la princesa
y no pierde (pues los otros obstáculos darán felicidad)
pero ha perdido   y eso escribe


como en un país    una ciudad de un país de un mundo
que no he deseado: mi soledad hace de mí una perdida
¿y nadie esta tarde aliviará la espera   preguntará
lo que hace falta para que deje de escribir?





de Cartas, Ediciones de la Flor,Buenos Aires,1992; según la versión contenida en Obra Reunida,Ediciones del Dock,Buenos Aires,2009.